La agricultura, mucho más que una actividad económica para Córdoba

Arturo Barbero

Cada 9 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Agricultura, una fecha que permite reconocer el trabajo de agricultores y ganaderos y recordar la importancia que tiene el sector agrario para la alimentación, la economía y la conservación del territorio. La jornada sirve también para poner sobre la mesa los grandes desafíos que afronta el campo: el cambio climático, la disponibilidad de agua, la rentabilidad de las explotaciones, la innovación tecnológica y el necesario relevo generacional.

En Córdoba, hablar de agricultura es hablar de una parte esencial de nuestra historia, de nuestro paisaje y, sobre todo, de nuestra economía.

Porque Córdoba no se entiende sin sus olivares, sus campiñas cerealistas, sus cultivos, sus dehesas y su actividad ganadera. Pero tampoco puede entenderse su economía rural sin las cooperativas, las almazaras, las empresas agroalimentarias, los transportistas, los comercios de maquinaria y suministros agrícolas y todo el conjunto de actividades que dependen directa o indirectamente del campo.

La agricultura cordobesa es, por tanto, mucho más que la producción de alimentos: es un verdadero motor económico y social.

El olivar, símbolo de la economía cordobesa

Si hay un cultivo que representa de manera especial a Córdoba, ese es el olivar.

La provincia cuenta con alrededor de 371.000 hectáreas de olivar, aproximadamente el 22,7 % de toda la superficie de olivar de Andalucía. En la campaña 2021/22, Córdoba produjo alrededor de 1,66 millones de toneladas de aceituna, equivalentes al 26,3 % de la producción andaluza, y unas 300.357 toneladas de aceite de oliva, cerca del 26 % del total producido en Andalucía.

Estas cifras muestran por sí solas la dimensión económica del sector oleícola cordobés.

Pero detrás de cada tonelada de aceituna hay una cadena económica mucho más amplia: agricultores, trabajadores agrícolas, cooperativas, almazaras, empresas de maquinaria, técnicos, laboratorios, industrias de envasado, empresas de transporte, distribuidores y establecimientos comerciales.

El olivar genera, por tanto, un efecto multiplicador sobre la economía provincial.

Y ese efecto adquiere todavía mayor importancia cuando el aceite producido en Córdoba consigue posicionarse en los mercados nacionales e internacionales.

Del campo a la industria: crear más valor en Córdoba

Uno de los grandes retos de la agricultura cordobesa consiste en conseguir que una mayor parte del valor generado por sus productos permanezca en el territorio.

No es lo mismo vender una materia prima que comercializar un producto terminado, envasado, diferenciado y reconocido por su calidad.

En este sentido, Córdoba tiene una enorme oportunidad en torno al aceite de oliva, pero también en productos cárnicos, vino, cereales y otras producciones agroalimentarias.

El futuro pasa por avanzar desde el tradicional concepto de «producir» hacia otro mucho más amplio: producir, transformar, comercializar y posicionar.

Cuanto mayor sea la capacidad de Córdoba para transformar sus productos y venderlos directamente bajo marcas propias, mayor será el valor añadido que quedará en la provincia.

La agricultura, de esta manera, puede convertirse en un elemento todavía más importante para impulsar la industria agroalimentaria y favorecer la creación de empleo.

La agricultura sostiene buena parte de nuestros pueblos

La importancia del campo se hace especialmente evidente cuando abandonamos la capital y recorremos los municipios de la provincia.

En numerosas localidades cordobesas, la agricultura y la ganadería continúan siendo algunas de las principales actividades económicas.

Los datos municipales reflejan esta realidad. En 2024, por ejemplo, Priego de Córdoba contabilizaba 698 establecimientos relacionados con agricultura, ganadería, silvicultura y pesca; Fuente Palmera, 301, y Montalbán de Córdoba, 272.

Esto demuestra que el sector agrario continúa teniendo un peso extraordinario en el tejido productivo de muchos municipios.

Por eso, hablar de agricultura es también hablar de desarrollo rural, población y futuro de nuestros pueblos.

Cuando una explotación agrícola desaparece, sus efectos pueden ir mucho más allá de la propia explotación. Se reduce la demanda de servicios, disminuye la actividad comercial y se resiente todo un entramado empresarial construido alrededor del campo.

Mantener una agricultura rentable significa, por tanto, mantener vivos nuestros municipios rurales.

Agricultura y empleo

La agricultura genera empleo directamente en las explotaciones, pero también crea numerosos puestos de trabajo indirectos.

El campo necesita:

  • maquinaria agrícola;
  • talleres especializados;
  • empresas de suministros;
  • ingenieros y técnicos agrónomos;
  • cooperativas;
  • servicios veterinarios;
  • empresas de transporte;
  • industrias agroalimentarias;
  • almacenes;
  • empresas de comercialización;
  • servicios financieros y aseguradores;
  • trabajadores para las campañas agrícolas.

Por ello, el impacto real de la agricultura sobre el empleo es considerablemente mayor que el que reflejan las estadísticas correspondientes exclusivamente al trabajo realizado dentro de las explotaciones.

La agricultura forma parte de un ecosistema económico que conecta el mundo rural con la industria, el transporte, el comercio y los servicios.

Córdoba también es investigación e innovación agrícola

Existe además una realidad que merece ser destacada: Córdoba no solo produce agricultura; también investiga cómo hacerla mejor.

El Instituto de Agricultura Sostenible del CSIC, ubicado en Córdoba, trabaja precisamente en cuestiones relacionadas con la productividad agrícola, la conservación de los recursos naturales, la mejora de cultivos y la adaptación al cambio climático.

En su actividad investigadora tienen cada vez más importancia herramientas como la teledetección, la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías aplicadas a la gestión del agua y de los cultivos.

Esto abre una enorme oportunidad para Córdoba.

La provincia dispone de tres elementos que pueden complementarse:

un potente sector agrícola + una importante industria agroalimentaria + conocimiento científico y tecnológico.

La unión de estos tres componentes puede ser determinante para construir la agricultura cordobesa del futuro.

El agua y el cambio climático: el gran desafío

La celebración del Día Mundial de la Agricultura no debe limitarse a reconocer el trabajo de quienes cultivan la tierra. También debe servir para reflexionar sobre los problemas que condicionarán el futuro del sector.

Uno de los principales es el cambio climático.

Las temperaturas más elevadas, los periodos de sequía y la irregularidad de las precipitaciones obligan a replantear determinadas prácticas agrícolas.

En Córdoba, donde el agua constituye un recurso especialmente valioso, mejorar su utilización será fundamental.

La agricultura del futuro tendrá que ser más eficiente y utilizar la tecnología para producir más con menos recursos.

El desarrollo de sistemas de riego eficientes, la agricultura de precisión, la mejora genética de variedades, la gestión sostenible del suelo y la utilización de datos para tomar decisiones pueden convertirse en herramientas esenciales.

Como ha señalado el Instituto de Agricultura Sostenible del CSIC con motivo del Día Mundial de la Agricultura, el desafío consiste en compatibilizar producción y conservación de los recursos naturales.

El relevo generacional, una cuestión de futuro

Otro de los grandes desafíos es conseguir que las nuevas generaciones quieran continuar trabajando en el campo.

La agricultura actual poco tiene que ver con la agricultura de hace varias décadas. El agricultor del futuro será cada vez más empresario, técnico y gestor de información.

La digitalización, la mecanización, los sistemas de agricultura de precisión y el conocimiento científico están transformando el sector.

Pero para que esa transformación sea posible es necesario que existan jóvenes dispuestos a incorporarse a la actividad agraria.

Eso exige rentabilidad, acceso a la tierra, formación, financiación, innovación y unas condiciones que permitan contemplar la agricultura como una profesión con futuro.

El relevo generacional no es solamente un problema del sector agrario: es una cuestión estratégica para el futuro de la provincia.

Más valor añadido y más orgullo de lo nuestro

Córdoba tiene productos agrícolas de enorme calidad.

El reto consiste en conseguir que esa calidad sea reconocida y adecuadamente remunerada.

El consumidor actual busca cada vez más productos vinculados a un origen, una historia, una calidad y una forma de producir.

Aquí Córdoba tiene mucho que ofrecer.

El aceite de oliva, los productos de la dehesa, los vinos, los cereales y otros alimentos pueden convertirse en auténticos embajadores económicos de la provincia.

Pero para ello es necesario fortalecer las marcas, mejorar la comercialización, apostar por la calidad y aprovechar las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías y los mercados internacionales.

Agricultura y turismo: una nueva oportunidad

También existe una creciente conexión entre agricultura y turismo.

El paisaje del olivar, las almazaras, las bodegas, las explotaciones ganaderas y la gastronomía pueden formar parte de una oferta turística vinculada a la identidad cordobesa.

El oleoturismo, por ejemplo, permite convertir la producción de aceite en una experiencia: conocer el olivar, visitar una almazara, participar en una cata y comprender todo el proceso de elaboración.

De esta forma, el territorio genera ingresos no solo por la venta del producto, sino también por la experiencia asociada a él.

Es otra manera de incrementar el valor añadido de la agricultura.

Una oportunidad para reivindicar el campo cordobés

El 9 de septiembre debe servir para recordar algo que en ocasiones se olvida: detrás de los alimentos que llegan a nuestras mesas existe un sector productivo que necesita ser rentable, competitivo y sostenible.

La agricultura cordobesa afronta importantes dificultades, pero también dispone de enormes oportunidades.

Cuenta con territorio, tradición, conocimiento, agricultores, cooperativas, industria agroalimentaria, capacidad exportadora y centros de investigación.

La cuestión es cómo aprovechar todos esos recursos para construir un modelo agrícola capaz de afrontar las próximas décadas.

El objetivo no debe ser únicamente producir más.

Debe ser producir mejor, utilizar mejor los recursos, transformar más, vender mejor y conseguir que una mayor parte de la riqueza permanezca en Córdoba.

Córdoba necesita a su agricultura

En este Día Mundial de la Agricultura, Córdoba tiene motivos suficientes para mirar hacia su campo y reconocer su importancia.

Porque cuando hablamos de agricultura hablamos de alimentos, pero también de empleo, industria, exportaciones, innovación, paisaje, cultura y futuro rural.

Hablamos de miles de personas que cada día trabajan la tierra y hacen posible que una de las principales actividades económicas de nuestra provincia continúe adelante.

Por eso, el 9 de septiembre no debería ser solamente una fecha en el calendario.

Debe ser una oportunidad para reivindicar una agricultura cordobesa rentable, moderna, sostenible y con futuro.

Una agricultura capaz de conservar nuestras raíces mientras incorpora las tecnologías necesarias para afrontar los nuevos tiempos.

Porque el futuro económico de Córdoba también se cultiva.

Y ese futuro empieza en nuestros campos.

Puede leer más artículos sobre nuestros productos y productores AQUÍ