La Asociación “Sabores de Córdoba”, como diversificación de actividades dentro de su propia temática y objetivos. ha organizado la Exposición “El bodegón en la pintura cordobesa contemporánea”, junto con la Delegación Territorial de Cultura y Deporte, y con la colaboración de la Diputación Provincial. Esta Exposición se inauguró el martes, 14 de abril, en el Teatro Cómico Principal y está comisariada por nuestros asociados Ramón Montes Ruiz y Arturo Barbero Calvo.

Gran presencia de pùblico en la inauguración. Comenzó con unas palabras de comisario principal de la exposición, Ramón Montes y de nuestra presidenta Mara de Miguel.

Para su configuración material, hemos contado con la participación de obras de treinta y tres artistas cordobeses, en cuyas obras tenemos una amplia muestra de las muy diversas formas de representación del bodegón, tanto en estilos personales, como líneas artísticas y estéticas. Con ello, además de poder disfrutar de sus creaciones, hacemos una llamada de atención antropológica sobre la gastronomía y su importancia para la vida humana, en lo social y en lo artístico.
La muestra expositiva cuenta con sesenta y una pinturas, de diferentes formatos y técnicas; todo un amplio muestrario, que nos permite disfrutar estéticamente de la riqueza pictórica de nuestros pintores, sobre el bodegón, como tema central.
Los pintores y pintoras, cordobeses,, cuyas obras se exponen son los siguientes:
Francisco Aguilera Amate, Estrella Anguita, Paco Ariza, Rafael Botí, Pedro Bueno, Marta Campos, Juan Cantabrana, Pepe Cañete, Luis Celorio, Francisco Cosano, Desiderio Delgado, José Duarte, Francisco Escalera, Mariló Fernández Taguas, Luis M. García Cruz, Clara Gómez Campos, Julia Hidalgo, María Dolores Jiménez, Rafael Martín Toril, Ángeles Morejón, Salvador Morera, José Luis Muñoz, Ana Ortiz Trenado, Isabela Palacios, Carmen Polonio, Rodrigo Prieto Rojas, Miguel Repollés, Miguel Richarte, María José Ruiz, Luis de Luna, Emilio Serrano, Marisa Vadillo y Cristina Ybarra.
La presencia del interés artístico por los elementos alimenticios ya aparece en el mundo clásico grecorromano, e incluso en culturas anteriores. Como verdaderos antecedentes de los bodegones modernos, considerados antropológica y culturalmente, en el mundo antiguo se hacían ofrendas al visitante o forastero de la casa, colocando a la entrada del hogar la “xenia”; una bandeja de frutos que se ofrecían al visitante a la entrada de la casa.

Existen referencias, como es el caso del arquitecto y tratadista Marco Vitruvio Polión (siglos I a.C.), a la costumbre de pintar las habitaciones de las casas, con temas tomados de los objetos reales. También el filósofo griego, Filostrato de Lemnos (190 d.C.-230 d.C), hace una precisa descripción de un bodegón compuesto por higos, castañas, uvas, cerezas, …, manifestando la viveza y naturalidad de estos elementos gastronómicos. De esta forma, se fue gestando un interés cultural por la belleza natural de los alimentos y utensilios relacionados con ellos, hasta el punto de que se fue convirtiendo en un verdadero género artístico.
Será a partir del Renacimiento cuando se considere el valor estético de las creaciones de estos “pintores de las cosas vulgares”, destacando las referencias en este sentido que realiza Giorgio Vasari (1511-1574), arquitecto, pintor y tratadista italiano; y del cordobés Pablo de Céspedes (1538-1608), clérigo, pintor, escultor, arquitecto y tratadista. Sería entonces cuando se iniciara un camino hacia la denominación de “bodegón” o “naturaleza muerta”.
En el caso de España, durante el siglo XVII para referirse a las naturalezas muertas reflejadas en las pinturas triunfó el término “bodegón” o “pintura de bodegones”, tal y como queda demostrado y defendido por el pintor y tratadista Francisco Pacheco (1564-1644), maestro y suegro de Velázquez, al usar este término.
El bodegón ya no respondería al imperativo académico, ni técnico, ni formal, ni de contenido; sería un género expresivo de gran valor y autonomía. El bodegón no tenía necesariamente que ser un muestrario de alimentos y objetos, sino que se convirtió en una composición artística en la que cabía todo y de cualquier forma expresiva, con total libertad de técnica y sentido. Marcel Duchamp con sus ready made planteó y ofreció el convertir cualquier objeto extraído de la realidad material en naturaleza muerta, en bodegón; algo verdaderamente transgresor y revolucionario. El género del bodegón se fue convirtiendo en el más diversamente tratado por los artistas a lo largo del siglo XX.
En el último tercio del siglo XIX, tras la crisis del clasicismo, y la emergente revolución artística, es cuando el género de las naturalezas se vio profundamente modificado. Se produjo una revolución en los géneros y una fuerte tendencia en la modernización de los contenidos y la liberalización de las técnicas; algo que se desarrollaría plenamente durante el siglo XX.
Las pinturas calificadas como bodegones se liberaron en todas sus dimensiones, tanto en su aspecto de “naturaleza”, ya que este concepto se amplió, como en la forma de representación. De alguna forma se recuperó el sentido de lo relativo a la naturaleza como alimento, pero en una amplísima dimensión formal y semántica. Los románticos mantuvieron en cierto gusto barroquizante, los realistas mostraron más interés por este género, y serían los impresionistas quienes elevaron el nivel de atracción y valoración por el mismo. Posteriormente, las vanguardias mostraron un gran interés y transformación por las naturalezas muertas. El bodegón, junto con una gran diversificación de los temas y las técnicas, se convirtió en un ejemplo de la modernización en el arte.
En el movimiento impresionista fueron muchos creadores los que cultivaron este género: Manet, Renoir, Monet, Van Goh, Cezanne o Gauguin, entre otros. Después, con las vanguardias, tanto los nabis, fauves, cubistas, y otros movimientos, cultivaron y elevaron el nivel de este género. El interés por la naturaleza muerta fue una auténtica pasión temática.

La pintura ha estado presente desde los tiempos más emergentes de la humanidad. El ser humano ha hecho uso de sus instintos básicos: supervivencia (alimentación, sexo-reproducción, defensa), cosmovisión (dar sentido a la vida mediante sus creencias), y arte (modificación del entorno para proyectar su necesidad “creativa” y hacerlo estéticamente más grato).
Dentro del instinto básico del arte, el ser humano, en su tendencia y necesidad natural ha proyectado su arte bajo diferentes ámbitos, como el religioso, el político, el social y el estético gastronómico, como es el caso de las representaciones de composiciones que tienen su relación con los elementos gastronómicos. El ser humano no sólo pretende su supervivencia desde el simple punto de vista de la nutrición, sino que, al igual que en los demás instintos, lo dota de la dimensión estética. Y fruto de ella, en su aspecto artístico son los bodegones, en su más amplio sentido genérico.
En el caso de Córdoba, provincia en la que la actividad artística ha estado siempre muy presente y hemos tenido la enorme suerte de contar con numerosos artistas, el muestrario de bodegones es ingente. Centrándonos en la época contemporánea, hemos pretendido con esta exposición mostrar una selección de gran elocuencia visual sobre bodegones surgidos de la actividad creativa de nuestros pintores.

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